sábado, 18 de julio de 2015

EL USO DE OBJETOS A LA HORA DE CONTAR

Hace muchos años estaba sumergido en el mundo de las técnicas corporales, entiéndase danza, expresión corporal, movimiento para actores, yoga y otra serie de disciplinas artísticas, o no, en las que el cuerpo tiene particular protagonismo.
Recuerdo que en una clase, mientras transitaba el primer año de teatro-danza, en el estudio de Ana Itelman, después de bailar una coreografía creada por el grupo en el que estaba, bajo la consigna de usar ciertos objetos, la profesora nos dijo -"ahora dejan los objetos y la bailan sin usarlos". Luego de acabar esta segunda versión de la coreografía y ver que, a pesar de no utilizar esos objetos, no cambiaba en lo más mínimo los movimientos nos miró, miró los objetos y nos dijo - "No eran necesario ¿verdad?"
Por supuesto que tratamos de argumentar que aunque no variaran los movimientos, la narración que se componía quien viera la coreografía no era la misma. A lo que ella concluyó con un "se trata de bailar y si se usan objetos, estos también deben formar parte del movimiento"
Tiempo después, por razones de peso (esto en sentido metafórico y literal) me fui alejando de la danza y entrando en la narración oral o el arte de contar historias de viva voz.
Cada tanto me asalta una inquietud ¿por qué utilizar objetos para contar historias de viva voz?
Por un lado no lo creo necesario en absoluto, digamos que ya tenemos bastantes herramientas naturales en nosotros mismos como para necesitar ese apoyo externo.
Por otro lado, veo algunas personas integrando los objetos tan maravillosamente que no me los imagino contando si ellos.
También he  oído que en algunas corrientes o culturas el uso de objetos o láminas forma parte fundamental de la manera de contar. Por ejemplo, la técnica del kamishibai es la que me viene a la cabeza sin lugar a duda, pero hay otras.
En Colombia vi contar a Juanita rodeada de unos muchachos corpulentos y guapísimos tocando los tambores y, a pesar que parecía que harían desaparecer a aquella mujer mayor y pequeña, a los pocos segundos todo se integraba de tal manera que solo veías a Juanita y sus historias.
Pues no sé: algunas veces me llaman ortodoxo cuando defiendo el arte de contar historias lo más limpio posible y yo prefiero que se me llame purista, pues en eso sí que me reconozco.
Me gusta la narración oral lo más pura posible, disfrutar de ese encuentro entre la persona que cuenta y las que escuchan sin abalorio ni intermediarios. 
No voy a negar que muchas veces, al escuchar algunas personas que cuentan con objetos siento que si los quitaran sería imposible poder contar de esa manera.
Pero muchas otras no hago más que esperar que dejen esos objetos que entorpecen el fluir de la historia o que llaman tanto la atención que parece más un poema objeto en movimiento torpe que una historias contada en viva voz.
En muchos casos al preguntar ¿por qué usas objetos para contar? la respuesta que recibo es "a los niños les gustan los colores y necesitan del movimiento de los objetos para centrar mejor la atención". Entonces pienso "a los niños les gustan los columpios, los helados, las bicicletas, los trenes, las patatas fritas, los aviones y muchas otras cosas... ¿Por qué no usamos todo lo que a ellos les gusta? ¿Por qué no confiamos en que a los niños pueden gustarle las historias contadas de viva voz? ¿Por qué no confiar en nuestro oficio lo más puro posible?"
Entiendo el arte de contar historias de viva voz como una disciplina artística, entonces estamos hablando de una propuesta estética basada en las habilidades del artista en cuestión.  A nadie se le ocurre tocar el piano si no es pianista o estudiante de piano y mucho menos construirlo a no ser que sea luthier. El hablar de objetos nos plantea una propuesta plástica para su elaboración y una técnica adecuada para su manipulación o animación.
¿Qué tiene el piano que no tengan los objetos?  ¿Por qué ciertas técnicas puedes saltarse el entrenamiento y otras no?
¿Objetos si? ¿Objetos no?  Esa no es exactamente la cuestión.

Sólo recuerdo la frase de Ana Itelman diciendo "ahora dejan los objetos y la bailan sin usarlos" y si descubrimos que no hacen falta, que no forman parte de ese juego compartido, quizás sería mejor pensar qué hacemos... si los quitamos o entrenamos jugando con ellos y las historias hasta que no sea lo mismo contarla sin ellos.

1 comentario:

córdoba ciencias sociales dijo...

Estoy por comenzar mi desempeño como docente en un proyecto de alfabetización y me ha servido de ayuda leer sus cuentos y verlo narrar. Y a mi parecer la voz es elemento suficiente para deleitarnos con una historia